domingo, 30 de julio de 2017

El Fogón

Jose Angel Solorio
Martinez
          Dos guerrilleros…

          Uno se llamaba Santiago Herrera; otro Elías Orozco. Vivieron en Río Bravo, Tamaulipas la mayor parte de sus vidas. Uno ejidatario; el otro, hijo de pequeños propietarios que lo enviaron a estudiar Agronomía en la sede Mante de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Herrera, era un hombre curtido por los soles y los fríos extremosos del norte #tamaulipeco; Orozco, siempre fue un mocetón güero, ojo zarco, chaparrón pero con un físico macizo como de cargador.
          Ambos, se fueron a la guerrilla.
          Elías, se sumó a la Liga 23 de Septiembre.
          Chago, organizó una célula rebelde campesina regional.
          Orozco, fue entrenado en las congeladas estepas de Corea del Norte.      
          Herrera, se capacitó en las polvosas llanuras fronterizas tamaulipecas.
          Elías, experimentó la dureza de la capacitación oriental: a las 4 de la mañana, debía correr sobre la nieve en pantalón de campaña y playera cargando una maleta de 40 kilos en la espalda. Y después del almuerzo, a ejecutar simulacros de combate en una ciudad construida como set cinematográfico.
          El ingeniero, fue célebre por su precisión al tiro con su 45.
          -En el combate urbano, no hay como la 45. Te permite discreción, y respuesta rápida en el combate-, me diría años después Benjamín.
          (Benjamín, -también ingeniero agrónomo- era hermano de Elías y acompañó en la aventura a los militantes de la Liga 23 de Septiembre. Se distinguió como un excelente combatiente. Era utilizado frecuentemente como “poste”. Esta función, comprendía permanecer vigilante afuera de los bancos que eran asaltados –expropiados decían ellos-, y evitar sorpresas de cualquier orden para sus camaradas en el interior del establecimiento).
          “Ponía la escuadra bajo un periódico, y esperaba”, me dijo.
          Herrera, militó por años en el Partido Comunista Mexicano en tanto Elías, fue miembro de las Juventudes Comunistas –brazo joven del PCM- que se radicalizaron a partir de los sucesos de 1968 y después el asalto al cuartel de Madera, Chihuahua. Los dos, poseían una sólida preparación política marxista.
          Herrera, pasó a ser asediado por la brutal Brigada Blanca –cuerpo paramilitar dedicado a combatir la guerrilla en los años 70- cuando decidió secuestrar a un rico prestamista de la 28 –así era conocida la brecha 128 en el pueblo- en Río Bravo, Tamaulipas. Elías entró en la lista de los más buscados, cuando en un intento frustrado resultó muerto el magnate nuevoleonés Eugenio Garza Sada.
          Chago, fue localizado por la Brigada.
          No pudo salvarse…
          …o no quiso.
          Murió disparando. Sólo hasta que se quedó sin munición, los paramilitares lo abatieron. Las bajas de la Brigada, nunca se supieron; ni se saben.
          Varios correligionarios del guerrillero, que lograron escapar del cerco, contarían años después que varios federales atacantes cayeron en el operativo.
          Elías, sobrevivió a la cacería que se desató en su contra, algunos días.
          Finalmente fue atrapado en un hotel del estado de México. Más de 100 federales rodearon el lugar en donde se guarecía y le echaron el guante. Llevaban instrucciones de atraparlo con vida. Los empresarios de Nuevo León, lo querían vivo y preso en el tenebroso penal del Topo Chico.
          Así fue.
          La frontera, siempre ha sido territorio de contrastes.
          Y lo será seguramente.
          ¿Por qué debería cambiar?..
          Hombres que mueren en defensa de intereses personales: narcos, contrabandistas, lenones, prestamistas, sicarios.
          Y hombres que mueren y viven por ideales: rebeldes, disidentes y opositores.
          Cada uno, en lo suyo.
          Cada quien en su tarea…

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