domingo, 20 de septiembre de 2015

EL FOGON

La entrada de Enrique; la salida de Etienne…
José Ángel Solorio Martínez
Sept. 18/2015
            La incursión al proceso de sucesión gubernamental en Tamaulipas de Enrique Cárdenas del Avellano, dejó el primer damnificado: el alcalde victorense Alejandro Etienne Llano. El jefe edilicio, no aguantó la presión que le metió el ex diputado federal y parte destacada de una de las estirpes más trascendentes en el centro del estado.            
            En el primer juntón, la estructura de Etienne colapsó. Con la reunión –su cumpleaños- de Cárdenas del Avellano de 5 mil victorenses mostró el músculo a los etiennistas reduciéndolos a un irrelevante grupúsculo que aspira a mantener el dominio victorense por 18 años y se montó en serio a la sucesión. 
           Etienne, ni cuenta se ha dado del sofocón. 
Y nunca, será capaz de entender la celada que le pusieron los Cárdenas: lo dejaron fuera de la jugada, desde que Gustavo Cárdenas le dio el descontón en la elección federal pasada. Con la evidente pérdida de la capital, el alcalde de Ciudad Victoria quedó expuesto y a merced de los tiburones. Ese golpe bajo, fue apenas el inicio de la andanada de puñetazos en la zona blanda para el cándido Etienne y su hermano el desalmado. 
            Difícil, muy difícil, que el escenario regional tenga espacio suficiente para dos precandidatos capitalinos. Son muchos personajes para tan poca superficie. 
            O es uno, o es otro. 
            Con los gambitos que los Cárdenas han engañado a Etienne, lo expulsaron de la lista de los finalistas. Lo que inició Gustavo, terminó haciéndolo Enrique. Cárdenas Gutiérrez, fulminó con su campaña a diputado por el Movimiento Ciudadano, la red de poder del edil victorense. Enfrentó a la turba formada por el ex gobernador Eugenio Hernández Flores y sus cómplices y los derrotó; sólo la prestidigitación de la autoridad electoral, pudo sacar un triunfo para el PRI en la capital apenas por una decena de votos. 
            Etienne no pudo con los Cárdenas. 
            (Es una ingenuidad, pensar que la familia Cárdenas permaneció contemplativa en la campaña a la diputación federal de Gustavo). 
            El emporio mediático de la familia de Enrique, en la atmósfera sucesoria, enfrió al alcalde capitalino y lo redujo a la nada a la espera de la emergencia de su consanguíneo. No supo Etienne, cómo revertir esa debilidad estructural de su precampaña. Sus jefes de prensa, tan pequeños como el sueño de su dueño, no acertaron a construir una campaña de medios agresiva para superar el reto que los Cárdenas les pusieron enfrente. 
            Le hicieron creer que podía ser candidato a gobernador. 
            Y el inexperto Alejandro, les creyó. 
            Hoy, los capitalinos sólo tienen una carta: Enrique Cárdenas. 
            Si al inicio de la precampaña el presidente de Ciudad Victoria, tenía escasas expectativas, a estas alturas esas posibilidades se han reducido aún más. (Si es que fuera posible, achicarlas todavía más). 
            Enrique entró a codazo limpio. Etienne, ni siquiera hizo por resistir. En el paisaje regional, el alcalde se ha empequeñecido y el ex diputado federal se ha ensanchado. Esa es la percepción mas socorrida, en las dinámicas de los corrillos políticos regionales y en el tejido mediático capitalino. 
            ¿Podría el presidente municipal, convocar a una asamblea en la capital a 5 mil de sus paisanos?.. 
            La respuesta, es no. 
            A menos que se arriesgue a una rechifla, de esas que ya le son familiares. 
            Es esa la diferencia, entre un aspirante que quiere pero no puede y de un aspirante, que quiere porque puede. 
            El colmillo de Cárdenas del Avellano, superó a la ambición de Alejandro. 
            En una desesperada maniobra, Etienne ha buscado la sombra a otros precandidatos. 
            Se ha tomado fotos con Paloma Guillén Vicente. 
            Otra estrategia fallida del jefe del cabildo victorense. 
            Como dijo el veterano prócer de la CTM, Fidel Velázquez con su característico sarcasmo: 
            “La suma de ceros… 
            …es igual a cero”.

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